El castillo de
Arnedo se sitúa al E. de la población, sobre el cerro de su nombre. Un
escarpe al E. y S. y el talud del resto de los lados configuran las
defensas exteriores naturales.
Su estado es ruinoso pero puede reconstruirse la planta del recinto
interior, mientras que quedan restos de una barrera exterior al W. y en
un nivel inferior, con muros de manipostería y refuerzos de sillar,
adaptándose a los afloramientos naturales de la roca (arenisca rojiza
de grano medio a grueso). Así, puede observarse la fábrica de un arco
rebajado, de manipostería, que apoya a ambos lados en la roca, y que
pudo ser el acceso a esta barrera externa por occidente. El recinto
interior se adapta también al terreno, constituyendo una planta
irregular de forma triangular, con vértices al N-W. y S-E., rematados
en espolones redondeados. |
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Los muros son de
materiales diversos: manipostería, mortero de arena, sillares
en las zonas bajas y morrillo. Las defensas de estos lienzos se
refuerzan con una torre poligonal al N-W., un cubo redondo al N.
y otro al E. El ingreso se sitúa al S.E., creando un pasillo
acodado, mediante un muro de manipostería a la izquierda y la
propia roca natural a la derecha.
A través de él se llega a un primer patio donde quedan restos
de un aljibe rectangular (5,80 x 3,20 m.). Hacia el centro del
flanco N. y adosada a su muro, se situaba la torre del homenaje
de la que se conservan parte de los muros W. y S., con presencia
de una hilada de mechinales en el del N. |
Mediante
un boquete abierto en el muro occidental, se accede al patio
superior o amplia explanada en la que pueden observarse restos
de un adarve en el muro conservado del flanco S-E. No existen más
elementos defensivos a excepción de tres aspilleras en la torre
poligonal del ángulo N- W.
El origen de esta fortaleza es indudablemente musulmán como lo
atestiguan su tipología y algunas crónicas árabes que citan
el castillo entre las defensas más fuertes frente a los
cristianos.
Durante el siglo IX perteneció a la familia muladí de los Banu
Qasi. Cuyo miembro más destacado fue Muza Ibn Muza, señor de
Amedo. Se cuenta que en una ocasión tuvo que refugiarse en este
castillo ante el empuje de las tropas del Emir de Córdoba que
combatían su rebeldía. |
En el siglo X sufrió las vicisitudes
propias de una lucha fronteriza entre cristianos y
musulmanes y tan pronto se encontraba en manos de unos
como de otros. Así, sabemos que en 932 Muhamunad ibn
Hasín entrega a Abderramen III el castillo de Arnedo,
mientras en 958 figura como teniente pamplonés Velasco
Lihurt. A lo largo del siglo XI su tenencia parece
vinculada a la familia de los Fortuniones: Fortún Oxoiz
(quien en 1040 firma la escritura de arras de la reina
Estefanía y sus hijos); Enneco Fortuniones (1044-1050 y
1072-1075); Lope Fortuniones (1062); Eximino Fortuniones
(1080-1088) y el nieto Enneco Semenones (1097).
Casi siempre esta familia está unida a las de Cameros,
Metria y tubera, pero no a la de Viguera, que tuvo también
el abuelo, y que a partir de mediados de siglo, suele
estar en las mismas manos que Ocón y Calahorra. |
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En los tiempos de Alfonso el
Batallador se suceden varios tenientes (Sancho Aznaez,
Alfonsus, Lope lohannes), entre ellos el alférez real
Fortún Sánchez (hacia 1128-1129), señal de que es una
plaza bastante importante en la estructura del reino,
pero tal importancia parece decaer desde los tiempos de
Alfonso VII. Los tenientes (Gutiérrez Fernández, Gómez
González, Diego Ximénez, Guillen González) son los
mismos de Calahorra y, a veces, también los
subtenientes y alcaides del castillo (Martín Fernández,
Pedro Frolaz, Garsia Zapata, Semen Zapata, Gonzalo
Copelin, don Lope de Castroviejo).
Arnedo es una de las plazas dadas en arras en 1170 a la
futura reina Leonor. En 1176, en el pacto hecho con el
rey de Navarra, Alfonso VIII pone en fieldad como garantía
los castillos de cristianos y judíos de Arnedo que
tendrá Diego Ximénez, prestando homenaje al rey
navarro. En 1198, en el tratado firmado por Pedro II de
Aragón, sobre reparto del reino de Navarra, el castillo
de Arnedo, con los de Autol, Aguilar y Cervera, quedaría
en fidelidad en manos de Guillelmo González, que haría
vasallaje al rey de Aragón.
En 1255 era señor de Arnedo Diego Martínez. En 1256,
Alfonso X, para mantener la seguridad del Pacto de
Soria, concedió a Jaime I de Aragón el castillo de
Arnedo y otros cuatro más. Más tarde, en 1262, éste
los entregaba a Alonso López de Haro y finalmente, por
intervención del príncipe Sancho, volvería Arnedo a
la corona de Castilla.
En 1369 Enrique II donó la villa de Arnedo a Bertrán
Duglesclín, quien lo permutó por los arrabales de
Soria y dos mil doblas a Pedro Fernández de Velasco. En
1426, Pedro de Velasco, camarero mayor de Juan II, otorgó
al Monasterio de Valvanera dinero de sus rentas de
Arnedo a cambio de misas y otros servicios. Otro
descendiente, llamado también Pedro, Condestable de
Castilla instituyó con la villa y fortaleza, aldeas y
vasallos un mayorazgo para su hijo Sancho, en 1458.
Los Velasco mantuvieron la custodia del castillo y
velaron por su conservación, mientras el pueblo estaba
obligado al pago de diversos tributos de los que fueron
liberados por el propio Sancho en 1512, a cambio de una
cantidad de 200.000 maravedís. Hacia 1575 era alcaide
de la fortaleza Rui Díaz de Fuenmayor.
Según Madoz, en 1857 fue reparado el castillo con
motivo de la guerra carlista. Fernández de Bobadilla
considera que fue una verdadera reconstrucción en la
que se establecieron los dos niveles de patios
empedrados, levantando en el oriental una casa-cuartel,
se limpió el aljibe del patio occidental, se reparó la
torre del N. (¿ poligonal del N-W. ?) y se realizó el
lienzo del E. y S., situando aspilleras y garitas en el
W. Al parecer, reconstruyeron la galería que ascendía
por el W. al cerro. Los vestigios de esta reforma se
observan en las zonas con fábrica de manipostería
escasamente trabada: barrera exterior al W., torre N-W.
y sus aspilleras, muros W. y S. de la torre del homenaje
y diversas reparaciones en el resto de los lienzos.
A partir de 1870 se desmoronó el muro S.,
posteriormente se desmontó la casa-cuartel para el
aprovechamiento de sus materiales, y la ruina de este
castillo ha sido desde entonces progresiva
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